Tantas palabras… y cuánto silencio. A Tortosa. Ana León Távora

 

Ne sorga, snotor guma  sélre bið aéghwaém

   Þæt hé his fréond wrece Þonne hé fela murne (Beowulf)

A way a lone a lost a last a loved a long the (Finnegans Wake)

 

 

pues no fui a Gibraltar porque me mareo en los autobuses pero allí estaba yo junto a la estatua del Cid a la vuelta de la excursión para recibir a todos los del simposio y les dio mucha alegría verme con ese uniforme tan feo que no me favorecía nada porque al contrario que mis amigas en lugar de falda azul me había comprado unas bermudas que en qué estaría yo pensando y estaban allí todos incluido el pobre Benstock que nos dejó poco después del congreso y Lawrence a la que habían perdido la maleta y tuvo que irse de tiendas para dar su ponencia la de veces que me tuve que leer la guía de los Alcázares hasta memorizar los detalles antes de nuestra visita aunque luego metí trolas que sé que les gustan a los guiris porque les aseguré que el perfume número cinco contenía el extracto de las flores de azahar que llevamos las mujeres andaluzas en el pelo y bailamos sevillanas con expertos del Ulises incluido alguno que se tiró un cuesco en el Paraninfo y que alguien atribuyó a uno de los azafatos fue un verdadero momento transcultural Joyce dudo que usted se acuerde de esas perlas del congreso aunque lo que siempre recordaba era la anécdota de la alumna pendenciera que en el primer día de crítica literaria le preguntó delante de la clase cómo podía defender la importancia del Close Reading y luego va y traduce un libro que no entendía ni el tato y usted se quedó de piedra y me dijo con paciencia que había escrito una introducción detallada sobre una tal Anna Livia a lo que respondí arrogante que ya la había leído con todo ese rollo de los cuatro evangelistas y las cuatro edades de Vico y las cuatro estaciones y los cuatro puntos cardinales y los cuatro elementos que en realidad son tres y la cuadratura del círculo y las cuatro provincias de Irlanda y cuatro esquinitas tiene mi cama y los miles de ríos y yo me río y usted también se ríe y me dice que vaya a sus horas de consulta y hablamos de Joyce y en su despacho sombrío con la ventana a sus espaldas y el arrullo de las palomas que anidan en el aire acondicionado nos consume la vida el tabaco Camel yo y Marlboro usted mientras charlamos de Joyce y de literatura eso cuando fumábamos y éramos jóvenes y el memento mori para mí solo era un lema de la clase de Portillo y ese año me tocó el formalismo ruso y a mi amiga Genette y a otro Frye y pensábamos que éramos como el club de los poetas muertos porque de ese curso salimos todos iluminados y fuimos a Salteras a comer chuletones y a que ahora ni se me ocurre no sea que los ojos de esa vaca me persigan por toda la eternidad y tuve que empollar inglés antiguo para septiembre porque era requisito para matricularme en literatura anglosajona con usted no sé si recuerda las clases en su despacho alrededor de la mesa redonda como King Arthur con Caedmon y el héroe medio oso medio lobo que se hospeda tres días durmiendo con el enemigo según el código de honor pero la visita como la pesca más de tres días apesta y aprendimos que nightmare es el monstruo o demonio de la noche mucho más épico que en español pesadilla que suena a quesadilla porque las palabras crean el mundo o no sé si es el mudo del silencio y en eso se notaba que es usted un filólogo de los pies a la cabeza con esas lecciones magistrales en las que el verbo habitaba entre nosotros y en las que las frescas mañanas de otoño discurrían entre divertimentos filológicos

 

pero Joyce le dio la fama mientras el nieto iba haciendo de las suyas después de ponerse tibio a sus expensas en Córdoba de malnacidos es ser desagradecidos y su pasión nos aspiró a todos vaya strange atractor de gente dispar los viernes por la tarde en la Taberna del Alabardero porque había uno en el grupo que siempre hablaba de toros o el que siempre veía curas o la que se había tragado a Ellmann y del riverrun pasábamos a la masonería alargando las horas alrededor de un té con leche al que yo resucitaba añadiendo más leche porque éramos estudiantes pobres que no pobres estudiantes como uno que venía con la merienda envuelta en papel de aluminio hasta una naranja traía quizá para recrear la bandera de Irlanda mientras se le iba pudriendo en la mochila como Alicia en la madriguera del conejo alis alas she broke the glass de repente me vi codeándome con joyceanos de renombre y por poco nos da un infarto en mi primer congreso diáfano con traspapelo accidental todo el mundo frenético recontando sus páginas pero volvimos sonriendo con nuestras botellitas de aceite que ahora valdrían un riñón de los de nuestros Bloosmdays con pintas de cerveza hasta que nos quitaron el Flaherty y nos quitaron la Casa pero siempre nos quedará M’Intosh y un 16 de junio España superó a Irlanda por penalties en pleno corazón de la metrópolis y desde que salió la traducción usted iba de gira como los artistas y salía en todos los periódicos y suplementos culturales que mis padres recortaban y me guardaban con dedicación como si fueran fotos del Superpop y un verano me consiguió un trabajo en Ronda y durante el tiempo que escribí mi tesis tuvo que llamar a un cerrajero para abrir la puerta frontal de su despacho porque no hay peor daño que el que hace un tonto motivado o en este caso una tonta y nos nevó en Salamanca donde Dedalus conoció a Dalí y viajamos a Tarragona y a Huelva y escribimos sobre cine y fuimos al cine y a la ópera y usted nos hizo una paella la mejor que comí nunca

 

y cuántas veces me pidió que dejara ya de hablarle de usted pero yo nunca quise porque por encima de nuestra amistad para mí es y será ese señor de Murcia al que respeto y admiro incluso en USA su sombra me seguía por todas partes con el festival de cine de mi ciudad Riverrun el pub Finnegan’s Wake con ese apóstrofo bastardo y hasta un profesor de Wake sin Finnegan que me reconoció del dichoso baile por sevillanas en el simposio tierra trágame y siempre que volvía de visita quedábamos para una cerveza bien fría o un café bien temprano porque usted me obligaba a madrugar con esos horarios suyos y nos hicimos una foto con un cuadro detrás que usted decía que daba el pego del Liffey y hablamos de arte y de estética y de política y de música y de nuestras confidencias mientras paseábamos por la Alameda y el Barrio de Santa Cruz y hablamos de nada sobre todo del silencio porque el silencio es el trasfondo del lenguaje me dijo y antes de darme cuenta ya me había enfrascado en una tesis sobre el silencio pero yo aún no comprendía que las palabras se las lleva el tiempo y que la memoria está repleta de palabras hasta que los nombres las cosas las vivencias las anécdotas las risas las penas los viajes los amigos empiezan a desdibujarse menos mal que estuve en el aniversario en Sevilla y en plena primavera con los naranjos en flor retomamos a Joyce y nuestras risas y la noche antes de mi charla el taxista me deseó suerte con el homenaje a Tortosa y ahí tuve ocasión de darle las gracias por Joyce y por Finnegan y por todo y por tanto antes que como a Anna Livia nos separaran los ríos del olvido cuyas aguas es imposible contener en las manos goodbye Joe me gotta go me oh my oh! no escucho con las aguas de maestro querido adiós amigo del alma nos vemos en otra vida cuando finn again

Mememormee!

 

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